jueves, 29 de diciembre de 2011

Ante la cristalera de una pastelería

El sol, con su intrigante tic-tac, lo llenaba todo de vida. Ora brillaba, ora lo ocultaban las nubes, para regocijo mío. Tic, luz, tac, nubes. Al igual que yo, se mostraba antojadizo, con un criterio oscilante que me daba cierto margen de redención y me quitaba culpa de encima. Entre un presente irrecuperable y un futuro prometedor. El fatigoso e intrascendente hoy y el reconfortante mañana. ¡Qué dilema! Quebrantando mi ánimo, pero sentándome tan bien. ¿Por qué creía estar tan seguro y a la vez dudaba?

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Petimetres de letras

Hablan de poesía pero desconocen el riesgo y el frenesí. Nunca han pasado hambre, ya fuese inducida o naturalmente atroz; no han participado de la deposición tribal de tabúes y prejuicios contemporáneos; sus vidas jamás han oscilado a tanta velocidad como para quebrantarse, arrebatado el aliento y las concesiones terrenales.
Si alguien ha obviado la experimentación antropológica en primera persona, y ha dejado de asumir riesgos incompatibles con la vida, lo que quede en el alma de sus asiduos después de tratarle será insuficiente.
Porque la mayoría viaja en transporte público. Dicen que quedan para ir a la Biblioteca Nacional o a algún reducto snob de saber falseado, desenfundan el abono (muchas veces todavía ese naranjita) y... tick; el torno les devuelve el billete.
U otras veces quedan en el sitio alternativo de moda, compiten en sagacidad, y nunca entran al trapo cuando alguien les increpa.
Es de lo más fastidioso.
Sobre todo porque la multitud no discrimina, y nos mete a todos (sin merecerlo) en el mismo saco; en el caro saco de la extravagancia.